... ¿Dar o recibir?...

"A veces la vida nos enseña que es más fácil dar que recibir.
Yo siento que sí. Y si más no, dar se acaba convirtiendo en algo más satisfactorio.
Algunos añaden que incluso nos hace más libres".




La Historia.-

Tan pronto como aterrizamos en el albergue de la Trinidad de Arre, se nos apareció como por arte de magia el encargado del lugar. Por su modo de hablar (apenas si respiraba entre frase y frase...) tal parecía que lo hubiesen liberado recientemente de sus votos "de mutismo". Increíblemente, no cesaba de parlotear mientras nos enseñaba las estancias, adoctrinándonos simultáneamente sobre qué estaba y qué no estaba permitido "hacer" en el edificio.


- A vosotras dos (jeje) os asigno las literas de abajo -mientras se reía nos señalaba uno de los rincones más oscuros de la última sala- Así me aseguro de que, aunque os caigáis de la litera, no lo hagáis de muy alto (jiji)...

Nos miramos y pusimos los ojos en blanco. En serio que el señor se las traía...


Al rato de haber colocado nuestras escasas pertenencias, arribaron una pareja de extranjeros. Calculé que rondarían los 70 y pico años. Nos saludaron en francés y descargaron sus mochilas en las literas superiores a las nuestras. Al instante intenté imaginarme a la señora francesa subiendo y descendiendo de la litera. Y la verdad es que... no pude.

Chapurreando un francés oxidado hacía lustros, le ofrecí intercambiar nuestras literas. Yo me quedaría "la de arriba". Ella, visiblemente encantada, aceptó.

- Merci, merci!!! -no cesaba de repetirme.

Y allí se acabó toda nuestra conversación. En parte por lo limitado de mi francés y de su español, y en parte por el gran cansancio que arrastrábamos las dos. Tan sólo recuerdo que en el lapsus de apenas cinco minutos, ella consiguió quedarse dormida y empezar a roncar sin reparos...


A la mañana siguiente recogimos todas nuestras pertenencias y nos dispusimos a preparar la marcha después de tomar un pequeño refrigerio. La señora francesa (parecerá increíble pero nunca llegué a saber su nombre) me tocó en el hombro y empezó a hablarme. Al final de su discurso, entendí que pretendía hacerme un masaje en hombros y cervicales como agradecimiento por haberle cedido "mi litera". Me decía que ésa había sido su profesión hasta el día en que se jubiló. La verdad es que mi primera reacción fue...

- No es necesario. De verdad, que no. A mí, dormir arriba o abajo, no me ha implicado ningún esfuerzo...



Ella insistió (e insistió ) sin darme opción a negarme. Así que al final se salió con la suya y yo empecé uno de mis mejores jornadas de peregrinaje. Creo que hacía tiempo que no me sentía tan a gusto conmigo misma. Satisfecha por haber sido capaz de dar (por simple e insignificante que parezca) y satisfecha también por ir aprendiendo a saber recibir, algo que nos cuesta a veces mucho más que dar.

Y ésa fue mi lección del día: Si eres capaz de dar, has de estar preparado también para recibir.