ANÉCDOTAS EN EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS.

Comentando con Arare en su Blog sobre el Camino de Santiago(os lo recomiendo:),coincidimos ambas en que la motivación que nos impulsó a "recorrerlo" en su día... para nada fue religiosa. A partir de aquí me vinieron a la cabeza varias anécdotas, todas ellas ocurridas en un intervalo de tiempo de apenas 2 horas durante una de las jornadas en Estella, que pienso tirarían por tierra la creencia de que el Camino está rodeado de una "cierta espiritualidad"... En mi caso tal vez la viví en la misa de Roncesvalles, pero tengo que admitir que el mérito se debió a los cantos gregorianos y a sus magníficas voces...

Ahí van las anécdotas... más frívolas.



http://es.youtube.com/watch?v=6MKHJ5Cyk90


{....}

Fue uno de los primeros peregrinos en llegar a la puerta del Albergue Hospital de Peregrinos en Estella. Apenas eran las doce del mediodía de un caluroso día estival, pero se sentía ya cansada mientras esperaba sentada en el banco de piedra. Para más inri, se sentía agobiada por un grupo de turistas africanos llamativo y variopinto que la observaba y examinaba sin disimulo; sobretodo después de que el guía la hubiese señalado y "catalogado" como:

- Un peregrino femenino con largas piernas para caminar.

Intentó poner cara de disgusto cuando medio entendió aquel inglés chapurreado en francés.

{....}

Por fin se abrieron las puertas del albergue y pudieron entrar en él. Ella estaba tras el primer peregrino de la cola en que repartían las literas. Cuando se apartó el peregrino con un número de litera asignado, el voluntario que regentaba el albergue exclamó:

- ¡Pero qué piernas!

Ella giró la cabeza hacia atrás intentando descubrir las piernas en cuestión...

- Morena mía, no te gires más que estoy hablando contigo. En todo el verano no había visto unas piernas tan bonitas. Y de verás que se te agradece...

{....}

Tuvo que subir hasta la segunda planta para encontrar las literas número 122, 123 y 124. Se ubicaban en una sala junto con otras 30 literas más. En total el albergue disponía de 154 literas, uno de los más grandes en todo el Camino. La sala dónde dormirían disponía de dos cuartos situados en cada una de las esquinas de la sala: uno contenía los wc y el otro las tres duchas. Se percató de que todo era unisex y agradeció poder ser la primera en utilizar la ducha por aquello de la higiene...

Antes de asearse charló con la única persona que, de momento, se encontraba en aquella sala: un muchacho valenciano, simpático y parlanchín, con una espesa mata de cabello negro y unos ojos negros como el carbón. Se presentó como Miguel y le comentó que ya la había visto durante el camino...

- ¿Sabes que un amigo mío se picó contigo?
- ¿Y éso? -preguntó ella asombrada.
- Le molestaba un montón que una tía le adelantase en el Camino. Y aún más con lo estupenda que estás. Éso lo acabó de rematar - se rió él.
- ¡Ostras! ¿No sería el de sombrero de paja?
-¡ Ese! ¡Ese!
- Sin comentarios... Me voy a duchar.

La duchas unisex consistían en unos cubículos con tan sólo una cortina a modo de puerta. De nuevo volvió a alegrarse por ser de las primeras en ponerse bajo el agua y rápidamente encendió el grifo. A penas había pasado un minuto cuando escuchó una voz masculina que preguntaba:

- ¿Qué hay alguien allí?

Fue oir la pregunta y sentir como se abría completamente la cortina de la ducha. Se quedó muda. Girando la cabeza miró atónita al muchacho valenciano que momentos antes le había parecido tan simpático. Él balbuceó pobremente una disculpa y ella tuvo tiempo de mirarlo a la cara, pero sus ojos no llegaron a cruzarse; él tan sólo contemplaba el perfil de su piel desnuda... Torpemente corrió de nuevo la cortina.

{....}

NOTA:
Certifico que no me he inventado ninguna de las anécdotas aquí explicadas, cosa que no significa que todas ellas me hayan ocurrido a mí .