Nunca pensó que la Vida pudiera ser tan dura.

Aquella tarde le había confesado que su mente era capaz de cambiar la dirección de cualquier vehículo que circulase por la N-230. Le comentó que podía volar, que había viajado hasta el siglo XXX...

Ella sintió como si la vida le apretase otra vuelta de tuerca, un poco más, cada vez más fuerte. El aire tan fresco que se respiraba en mitad del bosque le pareció denso, amargo, insuficiente. Cuando es la mente y no el cuerpo el que se resiente, resulta díficil aceptarlo aunque no sea uno mismo quien esté sufriendo ese duro desmoronamiento interior.

El médico lo dejó clarísimo:
- Está para que lo encierren. Padece los síntomasinequívocos de una esquizofrenia paranóica. Pero su ingreso aquí sólo puede hacerse si él mismo está de acuerdo... o mediante una orden judicial.
- ¿Una orden judicial? - preguntó ella incrédula - ¿Y dónde la consigo?... Él no es consciente de nada. Él no se quedará voluntariamente - casi le gritó ella a punto de echarse a llorar.
- Yo no puedo hacer nada más. La ley lo deja claro. Pero le advierto que su hermano es un peligro para él mismo y para el resto de la sociedad.

Aquella madrugada, un kamikaze conduciendo un 4X4 por la N-230 tuvo en jaque a todos los camioneros que tuvieron la desgracia de cruzarse con él. La noche se saldó con un vehículo destrozado y un joven ingresado en un hospital para enfermos mentales.

A la familia le supuso una temporal ruptura de la unión familiar. A ella cuatro kilos perdidos y la sensación de sentirse perdida en el mundo.

La esquizofrenia paranoica es una enfermedad mental que hace difícil diferenciar entre la realidad y la fantasía.