Etapa: Roncesvalles - Zubiri.

La noche anterior habían asistido a la misa dedicada a los peregrinos, con sus cantos gregorianos, sus luces, sus brillantes colores. De repente, sin avisar, una peregrina situada justo detrás de ella se había lanzado a cantar el Ave Maria... a pelo. La sensación fue increíble, impresionante. Decir que "se le erizó el vello de la piel" sería poco. Tal vez que el mundo se paró en ese instante, dejó de girar. Sólo existía aquella voz, subiendo y bajando, tan cerca de su oído derecho que parecía cantase tan sólo para ella. Lentamente, los monjes fueron recuperándose de la sorpresa y sus voces masculinas consiguieron unirse a la primera. Y aunque parecía imposible, el efecto entonces se multiplicó. Los graves y los agudos se confundieron en uno sólo, la magia fue mayor...

Y al alba, medio lloviznando, comenzaron a caminar. Durante el camino, y a pesar de estar en pleno mes de julio, se toparon con un níscalo guapísimo (en catalán: Rovelló. En vasco: Esne gorri).Le hicieron esta foto.

Poco a poco y a medida que despertaba el día, el sol ganó la partida a las nubes. Cerca ya de Zubiri, descubrieron un montón de piedras desordenadas con un pequeño cartel escrito a mano: la Tumba del Japonés.

- ¡Qué curioso! ¿Qué debió de ocurrirle?- se preguntaba Alicia.
- Pues a los 75 añitos...como que tal vez se le cansó el corazón- dijo Mikel con cara de estar ahogándose - ¿qué no ves cómo vamos nosotros después de las subidas Mezkiriz y Erro? Cómo para tirar cohetes estamos! Me lo puedo imaginar al pobrecillo... se quedó tieso por aquí arriba...
- ¿Pero tan ahogado vas, Mikel? No me lo puedo creer! Con lo resistentes que sóis los vascos... - se burló ella - A ver si nos habrás engañado y vasco no serás... - sonrisas.
- !Mírala ella!... La catalana....que sobrada que va... Como sigas así de chinchona, esta noche vas a acabar haciéndome la cena - sonrisa cómplice.
- ¡No, no, no! Hoy te toca a tiiii... Por cierto, catalana de adopción... pero aragonesa de nacimiento. O sea, que a tozuda no me ganas...
- ¡Ja! Aquí sí que lo tienes crudo...
... ... ...

Llegados a Zubiri, decidieron que estaban cansados y que ese día no cocinarían. Así que, despúes de ducharse, (y para alegría de Mikel y Yolanda) acabaron comiendo en la Hosteria de Zubiri. De vuelta al Albergue de Peregrinos, todavía especulaban sobre cómo habría muerto el Japonés. En la Hospederia les habían comentado que tan sólo encontraron el cuerpo sin cabeza, que a pesar de buscarla durante semanas, la cabeza del Japonés nunca apareció. Marta, la peregrina barcelonesa vegetariana, incluso se aventuró a suponer que podía haber sido un ajuste de cuentas de la mafia japonesa. La verdad es que en la Hospedería les habían insinuado algo así... ¡Pero parecía tan increíble!!!


(Continuarà)