"El hombre se acostumbra fácilmente al dolor. Es nuestra fuerza, por eso vivimos". Vicente Blasco Ibáñez.
Aquel día él se encontraba sumergido totalmente en la bañera azul. Era su manera más simple y eficaz de aliviar el dolor. Siempre había pensado que era contraproducente rechazar el dolor. El dolor hay que aceptarlo, integrarlo en nuestro interior tal como si formara parte de nuestro cuerpo. Negarlo es negar una pequeña parte de nuestra existencia. ¿Acaso el mismo momento del nacimiento no está asociado con el dolor? ¿No es verdad que tanto la madre como el recién nacido sufren en ese preciso instante en que el ser humano abandona el refugio cálido y acuoso para enfrentarse al mundo por sí mismo?
Sus manos, aquellas que se aferraban con fuerza al manillar de la bicicleta y las mismas que le ayudaban a trepar las paredes verticales de Montrebei, giraron formando círculos en el agua. Silenciosamente, sus recuerdos lo trasladaron hacia Marruecos y la zona del Atlas...
Dicen que la capacidad de soportar el dolor varía de una persona a otra en función de la percepción que de él tiene cada uno de nosotros.
Dedicado a PEULHA
esperando vayas mejorando.
Nota: Fotografia tomada en el Col du Tourmalet (Francia). Escultura dedicada al mundo del ciclismo.
